miércoles, 13 de agosto de 2014

La mirada de los turistas


Tengo la extraña costumbre de observar con muy gran atención y detalle a los extranjeros que visitan la ciudad donde resido. Me asombran las caras de emoción ante todo un entorno nuevo y desconocido, esa sensación que se tiene al estrenar un zapato nuevo o incluso una vida nueva lejos de la propia. Me entusiasma cuando, teniendo el papel de turistas, acabamos siendo más conocedores de los rincones de las ciudades que los propios habitantes. Me sorprende como a través de la mirada de los nuevos visitantes, viéndolos tomando instantáneas minuto tras minuto sin cesar, incluso yo descubro partes desconocidas de mi entorno que creía conocer. Esa ventana de colores, ese edificio que nunca había visto tan alto, ese sitio donde se pueden inmortalizar las mejores puestas de sol.

Me apasiona la felicidad de los rostros de las personas que están de vacaciones en paradero desconocido. Como si no fueran a volver, como si en cada sorbo de café encontraran un sabor único en el mundo, como si la ciudad que visitaran siempre fuera la mejor. Esa sensación de agotar el tiempo, el esfuerzo, las ganas y las locuras. Exprimiendo el poder de las horas de sus relojes.

Siempre me ha gustado viajar y la adrenalina que supone perderse en puntos del mapa donde todo está por descubrir. Puntos cardinales donde seremos extremadamente felices por momentos. Sitios que nos deben enseñar, aún más, que volver a casa a veces es todo un lujo, toda una aventura. Y que lo que nos queda por descubrir en nuestras ciudades nunca será suficiente, no lo demos por hecho. 

Yo ante estas verdades sólo espero aprender a ser cada día un poco menos habitante residente y un poco más turista de mi ciudad. 

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