martes, 23 de diciembre de 2014

Tiempos precarios


En nuestra sociedad cada día se ven más jóvenes sobrecualificados cogiendo aviones con destino a ciudades que, al contrario que en España, en ocasiones ni se atreven a sobrevalorar su valor. Aunque la opción de alejarnos de lo que queremos estar cerca no siempre es una oportunidad... no si no es nuestra opción prioritaria.  

El poco tiempo que nos sobra a nosotros, los jóvenes, lo invertimos en no gastar por encima de nuestras posibilidades. En cuidar esos insustanciales ahorros que guardamos por aquellos “por si acaso” que cada día asoman la cabeza. Gastamos todo nuestro tiempo trabajando de forma pluriempleada, sin horarios fijos, sin tiempos indefinidos, sin quejas. Aprendiendo a silenciar todo aquello que quisiéramos gritar ante las injusticias. 

Y cómo no, cada vez más intentamos no gastar nuestro poco dinero en momentos libres, en ocio, en cultura y en formación. Somos otras víctimas más de nuestro nefasto sistema, lo pagamos caro. Que ese 21% de IVA se nos sube a la cabeza, se nos queda grabado en nuestra ya vacía cuenta de ahorros.  

Los jóvenes del siglo XXI cada día nos preguntamos más para qué? para quién? Dónde? Sí, dónde quedaron las promesas de un futuro digno, ya no digo fácil ni perfecto, pero sí digno. Ese futuro en el que se obtenían recompensas, respuestas y resultados. Un futuro en el que ser joven era una ventaja, un mundo de puertas abiertas, un inicio donde todo empezaba y ganabas bastante más de lo que apostabas. 

Somos una generación de jóvenes preparados, implicados, con tiempo y ganas. Jóvenes que ya no creemos en las oportunidades, creemos en nosotros mismos y trabajamos duro para que la sociedad nos apueste bien fuerte. Jóvenes que necesitan respuestas a sus preguntas y recompensas ante sus esfuerzos.

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