sábado, 14 de febrero de 2015

La oportunidad de estar y ser a la vez


Llevo en Barcelona alrededor de 5 meses y creo que, hasta hace unos pocos días, no me he sentido un poco parte de esta abarrotada ciudad. He vivido en ciudades como Tarragona o Málaga y la grande diferencia entre ellas y esta nueva ciudad es que me da la sensación que en Barcelona solo estoy, en las otras ciudades fui. Puede sonar abstracto, pero a veces las cosas abstractas son las que mas se llegan a ver. Es como si en esta gran ciudad de edificios altos y calles abarrotadas, las agujas del reloj estuvieran en una constante maratón. Como si los días pasaran mas rápidos que los minutos, como si los 365 días de un año se volvieran de repente mas fugaces de lo que el tiempo ya es. 

Me fijé en que, a pesar de ser una ciudad con una gran cultura y una gran diversidad de oferta en ocio, Barcelona es una ciudad tímidamente individualista. Veo la gente tomando el café a toda prisa en dirección al metro mas cercano, personas que comen solas en su media hora de descanso, personas que en el fondo aman tanto conocer gente porque sienten esa necesidad de formar parte de un grupo estable que en ocasiones no tienen. Las prisas, las distancias, los horarios de la gran ciudad. El pez que se muerde la cola.

Pero Barcelona también es encantadora, si estás en casa es por elección, en cada rincón hay una historia, cada día puede ser una aventura si así lo deseas. Barcelona es un gran referente en cultura, gastronomía, ocio, teatro, networking... Y me gusta mucho estar en Barcelona, pero hay una gran distancia entre estar aquí y ser de aquí. Porque me encanta la calidez en una ciudad... y en Barcelona todo es tan grande que a veces te sientes un pequeño fragmento de casi todo y de casi nada a la vez.

Quizá porque la calidez que me entregaron Tarragona y Málaga era la esencia de huir de las prisas, de buscar mas momentos, de no perder tanto el tiempo queriendo encontrar algo. De estar mas cerca de lo que ya estás cerca, y no solo estar mas cerca de lo que estás lejos. Esa esencia que se echa de menos en cada cruce de miradas que en Barcelona nunca acaba traducido en un “buenos días, gracias, que vaya bien”. Esas simples expresiones, esas palabras que te acercan a cualquier cosa de la que te sientes lejos.


Y luego están las oportunidades, esas que en Barcelona no faltan y te hacen quererte quedar, aunque sea por un tiempo, buscando tu pequeño lugar. Esa verdad, esa realidad: La oportunidad de estar y ser a la vez.

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